Teoría de la ventanas rotas

 
Jue, 02/08/2018 - 12:58
Esta semana Marine nos trae una interesante teoría para aplicar a nuestra vida, perfecta para los quieren empezar con pie derecho.
El año 2018 arrancó y no tiene nada que envidiarle al 2017. Bueno, quizás el verano ha demorado en entrar, pero por los vientos que soplan y algunas lluvias que caen, este año quiere ser diferente y ustedes también. El mes de enero ha sido caracterizado por tres cosas, o por lo menos así me lo han expresado en varias ocasiones:  el deseo de reorganización, la necesidad de limpieza y hablar más claro.
 
El pasado 9 de enero, además de la conmemoración de los 54 años de la gesta patriótica, también se dio una marcha pacífica en contra de la corrupción. 10 mil personas estuvieron presentes y quizás el mismo número de personas se quejaron en las redes que no servía de nada. Sea cual sea el resultado, estos tres puntos también resonaron. No es casualidad que a nivel individual y colectivo estoy viendo un patrón.
 
Y luego un post en las redes me recordó sobre un experimento social en 1969 de la Universidad de Stanford que luego desarrolla la Teoría de las Ventanas Rotas. Trataba del profesor Philip Zimbardo, quien  junto a su equipo deciden dejar dos autos idénticos abandonados en la calle: uno lo dejaron en el Bronx, Nueva York (en ese entonces zona pobre con delincuencia) y el otro en Palo Alto, zona tranquila y adinerada de California.  Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser robado y desarmado en pocas horas, y quedó el esqueleto. Sin embargo, el auto en Palo Alto permaneció intacto. 
 
A primer vista, muchas ideologías expresaron que la pobreza es la causa del delito. Sin embargo, el experimento no terminó ahí. Después de una semana de ver el auto de Palo Alto sin ningún rasguño, los investigadores decidieron romper un vidrio del auto. ¿Que pasó? Al corto tiempo, ocurrió lo mismo que al otro carro; robo, violencia y vandalismo dejaron el carro en el mismo estado.
 
¿Qué efecto tenía la ventana rota? Sencillo. Este acto transmitió la imagen de deterioro, ausencia de ley, de valor y cada ataque al auto confirmó que había desinterés y se podía hacer ese acto delictivo. A nivel mayor, desarrollo la teoría de por qué los lugares con más descuido, suciedad y desorden eran donde había más delitos y maltratos. Y así mismo se aplica con todo. Si se cometen pequeñas faltas como tirar la basura a la calle, manejar por el hombro o estacionarse donde sea y las mismas no tienen sanción, entonces, comenzarán delitos más graves de manera escalonada: pagar coimas a policías, quedar absuelto de crímenes por posición gubernamental y “ganarse” licitaciones con sobrecostos ridículos, etc.
 
La teoría de las ventanas rotas fue aplicada en la década de los 80 en el metro de Nueva York, uno de los transportes más peligrosos de la ciudad en aquella época. Empezaron a limpiar los grafitis, prohibir el alcohol y castigar los que robaban o no pagaban pasaje. Poco a poco fueron evidentes los resultados positivos. Luego surgieron las leyes de “tolerancia cero”. La estrategia consiste en mantener lugares y cosas limpias y ordenadas, no permitiendo la más pequeña transgresión a la ley y a las normas. Si cada una se impone su propia tolerancia cero y cuida de lo que le compete y sus alrededores, poco a poco eso irá pasando de micro a macro, entendiendo que más allá de la tolerancia cero a la persona que comete el delito, es sobre todo hacer frente al delito mismo. Y quizás así, efectivamente, el 2018 puede ser de limpieza, organización y no quedarnos más callados. ¡A reparar nuestras ventanas! 
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