Cataratas de Iguaçu, 1.300 kilómetros de paraíso salvaje

 
Lun, 07/22/2019 - 16:00
Es una de las siete nuevas maravillas del mundo, que recibe cerca de dos millones de visitantes al año, solo en el lado brasileño.

Foto: EFE

Desde que nace en la ciudad de Curitiba, en el sur de Brasil, las aguas el río Iguaçu recorren cerca de 1.300 kilómetros hasta dar origen a una de las siete nuevas maravillas del mundo, un trayecto que alberga seis hidroeléctricas y que esconde vida salvaje que sobrevive a la intervención humana.
 
Aunque 170 kilómetros de este río forman parte del preservado Parque Nacional do Iguaçu -agua grande en tupiguaraní-, la interferencia humana en su curso es alta.
 
Pese a contar con seis hidroeléctricas, la última de ellas inaugurada el pasado mayo por el presidente de la española Iberdrola, Ignacio Galán, es el uso desordenado de sus recursos lo que más afecta la calidad del agua, que sufre sobre todo los efectos de las actividades agropecuarias y de la minería.
 
Asimismo, más de 80 especies de mamíferos, 90 de peces y 300 de pájaros habitan la zona, que cuenta con un gran potencial para convertirse en un popular destino para el ecoturismo -tanto para Brasil como para Argentina- y más allá de las Cataratas de Iguazú.

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Las famosas cataratas reciben cerca de dos millones de visitantes al año, solo en el lado brasileño.
 
Paseos en barco y senderismo son algunas de las opciones que se ofrecen a los turistas que desean subir el río más largo del estado de Paraná para descubrir qué esconden sus aguas, todavía calmas y silenciosas, que no dan una sola pista de toda la fuerza y exuberancia que ganarán cuando encuentren caídas de hasta 82 metros de altura.
 
 Al final de su curso, estas aguas alcanzan una velocidad de casi siete metros por segundo, seis veces superior a la media de un río común, con fuerza suficiente para arrastrar una piedra de diez toneladas.
 
La exagerada belleza de las cascadas gigantes que se encuentran en la frontera entre Brasil y Argentina impresiona, pero la sencillez y la tranquilidad del río que les da origen también.
 
El corredor verde conecta la unidad de preservación local con fragmentos aislados de vegetación, creando una zona de tránsito para los animales y promoviendo el retorno de especies que venían siendo raras. Así, en medio a los daños causados por la intervención humana y los beneficios de acciones con el objetivo de reparar estos problemas, el río Iguaçu mantiene su curso lleno de vida salvaje y sorpresas, a espera de quien lo quiera disfrutar de manera responsable. 
 
* Nota tomada de EFE.
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