Tecnología y educación, una cuestión de equilibrio

 
Lun, 03/11/2019 - 08:30
Las herramientas digitales pueden convertirse en aliadas en las clases y en casa, si se utilizan adecuadamente

Por Laura Marín / @rtirandoanegro

Hoy los más peques de la casa regresan a clase. La gama de emociones que esto provoca puede ir desde la felicidad al enojo, pasando por la indiferencia, la tristeza o las temidas rabietas. “Algunos niños van muy contentos porque verán nuevamente y con más frecuencia a sus amigos, otros muy tristes porque se rompe con su rutina de vacaciones o porque perciben que van a ver menos a sus padres”, explica la psicóloga Sharen Lushman.

Esa es una situación común que se viene repitiendo desde siempre. Lo que quizás es menos común es como, cada vez más, las escuelas reciben a los niños con un “chip” digital. La tecnología e Internet se cuelan, inevitablemente, en las aulas, y esto abre posibilidades infinitas: Desde las más básicas, como son facilitar a los estudiantes libros electrónicos e interactivos para que realicen sus ejercicios sin necesidad de cargar siempre con los libros en papel —o acceder a libros que no pueden encontrar en su entorno—, hasta el acceso a aplicaciones o programas de estudio personalizado.

El estudio “Estado mundial de la infancia 2017-Niños en un mundo digital”, de Unicef, resalta que las tecnologías digitales han ampliado el acceso a nuevas posibilidades de aprendizaje para numerosos niños en todo el mundo, especialmente aquellos que viven en regiones remotas. Han permitido que los niños participen en el aprendizaje electrónico y accedan a una amplia gama de contenido educativo y de aprendizaje que no estaba disponible para generaciones anteriores de niños.

Personalización

Precisamente, la personalización es una de las grandes ventajas que ofrece la tecnología, ya que brinda la flexibilidad y capacidad de adaptación para que los estudiantes puedan seguir ritmos distintos de aprendizaje dentro de la  misma aula o reforzar en casa. En este sentido, por ejemplo, los estudiantes más avanzados pueden tener a su disposición contenidos adicionales a la materia que se está impartiendo y, aquellos que necesitan un refuerzo, pueden recurrir a materiales de apoyo para enfatizar en lo que aprenden en clases.

Otras ventajas que tiene la tecnología en las aulas son el hecho de favorecer el trabajo colaborativo y en equipo, la flexibilidad en los horarios, la actualización constante del material y la posibilidad de aprender a distancia y en diferentes contextos.

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A pesar de los beneficios de la tecnología, existen muchos riesgos si su uso no es el adecuado. “Desde que empecé a ejercer la psicología soy del pensamiento que todo bien dirigido puede impulsar cualquier proceso”, asegura Lushman, agregando que, no obstante, “el detalle está en que no hemos aprendido a ejercer control sobre la tecnología, sino que hemos permitido que esta sea la que nos dirija a nosotros”.

La Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Canadiense de Pediatría establecen que en los niños de 3 a 5 años, el uso de dispositivos portátiles (teléfonos celulares, tablets, juegos electrónicos ) debiese estar limitado a 1 hora como máximo. Los niños de 6 a 18 años, solo debieran tener acceso a 2 horas por día. Exceder las horas recomendadas, puede traer consecuencias sumamente nocivas en el desarrollo del infante. La psicóloga Lushman detalla que “el abuso de la tecnología puede implicar algunas consecuencias en los niños, como problemas de visión, obesidad, dificultades en la concentración e, incluso, conflictos de socialización”.

Déficit de atención

Esas dificultades atencionales son quizás las que más afectan por el mal uso de la tecnología. A veces, incluso de adultos, pensamos que los procesos multitarea que permiten nos hacen más eficaces, pero muchas veces, mal gestionado, la ejecución y el rendimiento es peor, ya que la capacidad atencional se ve obligada a alternar constantemente entre diferentes tareas. A ese déficit de atención se unen la “sobreestimulación, ya que los pequeños necesitan de incentivos demasiados fuertes para poder captar su atención; los problemas de conducta, porque no aprenden a canalizar la energía; o las afectaciones de la parte motora gruesa, que perjudica actividades físicas como correr, saltar o brincar, y la motora fina, esa capacidad de hacer movimientos con pequeños músculos de la mano”, explica Leshman.

Pero, todo es cuestión de equilibrio. “Yo, como psicóloga, hago mucho énfasis en el balance entre lo nuevo y lo tradicional”, asegura Lushman. “Con la tecnología, tanto los niños como los adolescentes se ven muy beneficiados, ya que captamos su atención con mayor facilidad”, añade la especialista, recordando que hay muchas escuelas en Panamá que están implementando la modalidad de clases a través de tabletas y aplicaciones tecnológicas. “Pero también es importante que no dejemos de lado tendencias tradicionales como el escribir a mano, ya que este tipo de actividades nos ayudan a generar más conexiones a nivel cerebral y, en consecuencia, nos aportan beneficios para optimizar el aprendizaje”, enfatiza Lushman.

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“El abuso de la tecnología es la que acorta las interacciones sociales.  Los niños y adolescentes necesitan vivir la experiencia de jugar, reír, divertirse e incluso hasta enojarse con sus compañeros, para lograr encontrar herramientas que les permitan ser más empáticos”. Sharen Lushman asegura que muchas veces escucha a padres decir que sus hijos “se concentran mucho y que pueden pasarse hasta dos horas jugando”, pero remarca que eso no ayuda a la atención y la concentración, sino que “por el contrario, crea un retroceso en estas áreas”.

Consejos para padres

“En ocasiones, que todo sea muy tecnológico también hace que el cerebro del niño y adolescente no trabaje, ya que todo está al alcance de manera fácil y no le supone ningún reto conseguir la información”, sentencia la psicóloga.

La psicóloga Sharen Lushman dice que la tecnología no es mala, pero “necesitamos supervisar a los niños y adolescentes, y verificar que lo que ven, oyen y juegan sea para su edad”. 
Además, hay que establecer “claramente” los tiempos estipulados para jugar y “respetarlos”.
 
También es necesario comprometerse en lo que ellos hacen. “Juegue un rato con ellos, verifique que sea un contenido apto y, al mismo tiempo, estará creando un lazo en la relación”. “Revise sus historiales, involúcrese y recuerde que en Internet está expuesto a mucho”, enfatiza Lushman, recordando lo más importante: “Prediquemos con el ejemplo”.
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