Los diablos congo buscan su espacio

 
Jue, 05/09/2019 - 12:38
La figura que representa al amo esclavizador dentro de la cultura congo quiere resaltar su imagen. Expertos en patrimonio dicen que esto podría desnaturalizar la tradición.

Fotos: Aurelio Herrera

Retumban los tambores.  La corte del congo se prepara para comenzar el ritual, una lucha entre el bien y el mal que ha sido representada por más de 500 años y hoy se conoce como la Danza del Diablo Congo. Se trata de una recreación cultural que rememora la lucha, resistencia y liberación del yugo español,  por los pueblos esclavos hace varios siglos atrás.
 
 
A un lado se encuentra el diablo con su postura imponente, enfundado en su traje negro y rojo, detrás de una intimidante máscara. Con fuertes movimientos agita los cascabeles pegados a sus pantorrillas, salta, se sacude, hace pujidos y mueve su látigo. Como es tradición, se arrodilla ante la reina y recibe la bendición.
 
 
No es temporada congo (que se extiende desde el Día de San Sebastián, el 20 de enero, hasta el Miércoles de Ceniza) y la representación no se lleva a cabo dentro de un palenque (comunidad, estructura física o agrupación de Congos), sino en el corazón de la ciudad de Colón. El grupo Nengre Congo de Colón junto a diversos diablos —algunos de ellos de palenques cercanos— agrupados en Grenadi (Gremio Nacional de Diablos), realizan la dramatización para revista Mujer.
 
El "pajarito" mensajero anuncia con su silbato que se puede avanzar. Una invitación para comenzar los cantos y bailes. Los congos, la representación del pueblo, tienen sus caras pintadas de negro y sus vestidos al revés para burlarse de los amos españoles que oprimieron y esclavizaron a sus antepasados africanos. La reina y el rey son la parte religiosa. Ella, lleva una gran cruz sobre su corona para proteger a su hija (la minina) y evitar que se la lleve el diablo, que merodea desafiante alrededor.
 
Dentro del juego o ritual congo, el diablo resulta ser un personaje llamativo, poderoso y satírico. “Es el símbolo del mal y de todo lo malo, ese amo blanco esclavista que azotaba y maltrataba a todos los negros esclavizados”, señala Luis Antonio Valencia, estudiante de Folklore en el Centro de Estudios Superiores de Bellas Artes y Folklore de Colón-INAC, quien desde hace 7 años realiza una investigación sobre el diablo congo. 
 
 
Pero hoy, este personaje reclama su propio espacio, pues por mucho tiempo se sintió menospreciado y excluido. Eso no es tan sencillo. Según expertos en patrimonio, este hecho podría afectar a la tradición y desnaturalizarla, debido a que el diablo es parte de la recreación, no un actor principal. Entonces, se deben tomar las medidas pertinentes para evitar distorsiones que perjudiquen la cultura.

¿Por qué el diablo busca su espacio?

Michael  Charles Phillips, líder de Mil Máscaras (una de las agrupaciones que conforman Grenadi),  se refiere a que anteriormente el personaje no era muy tomado en cuenta. “Solamente cuando un grupo de congos tenía asignado a un diablo, se le veía en la representación”, explica. 
 
Pero la figura del diablo no existe en todas las áreas de los congos. “En Costa Abajo, más allá de Piña, no tienen diablo sino mundunción o maldición; y en Chepo tienen el holandés. Los tres representan el mal, a los esclavizadores”, explica Emma Gómez,  coordinadora del Proyecto de Salvaguardia del Ministerio de Comercio e Industrias (Mici), quien lideró la inscripción de la candidatura de la cultura congo ante la Unesco.
 
De igual manera, Phillips manifiesta que cuando se realizaban actividades culturales, había un trato desigual en relación a los congos y los diablos, lo cual denotaba un desbalance. “Simplemente  decían ‘a los congos se les paga por participar en una actividad’, pero no pagaban por los diablos. Entonces los que organizamos grupos de diablos entendimos que teníamos que buscar una forma para que la gente comience a reconocer su existencia, porque eran marginados. Sin embargo, es importante la  representación del diablo dentro de esta cultura”, distingue. 
 
Durante los últimos meses, diferentes grupos de diablos, de diversas manifestaciones del país, se han venido congregando en Grenadi. "La finalidad es comenzar a proyectar al diablo como parte interesante de la cultura; porque por ejemplo, no se debería excluir al diablo de lo que está ocurriendo referente al congo”, explica Phillips.
 
Por otra parte, la impulsora del Festival de Diablos y Congos de Portobelo, Sandra Eleta, opina que  “la figura del diablo ha sido injustamente demonizada”, lo cual también ha influido en que haya sido rezagada en algún momento. “El diablo es parte de la figura del conquistador, del opresor… es una figura de poder, no de algo satánico”, dice.
 
 
Phillips coincide con Eleta. “Con la idiosincrasia de alguna gente católica, que decía que el diablo atraía cosas malas, se le cercenó, se le mantuvo distante de la cultura”.
 
Para visibilizar al personaje, Grenadi planea realizar a finales de este año un gran desfile, de Las Mil Máscaras, donde esperan la participación masiva de todo tipo de diablos de Panamá y otros lugares del mundo.
 
“Pretendemos llevar esto a los límites del mundo. Viajar a España, Estados Unidos… Ya ha habido intervención de miembros del grupo que han ido a Estados unidos a participar de algunos desfiles”.
 

El personaje del mal fuera del palenque

Tradicionalmente, el diablo ha sido parte de un palenque y es uno de los personajes dentro del colorido ritual congo, manifestación clave para la reciente declaratoria de la cultura congo como patrimonio inmaterial de la humanidad, por la Unesco.
“Los diablos están siempre relacionados a un palenque, y cuando viene la temporada congo, ellos representan — junto con los congos — las fiestas, y al final aceptan ser bautizados, ceden su poder, se quitan la máscara, le muestran reverencia al Santísimo y ya no deben aparecer hasta la próxima temporada”, detalla Emma Gómez. 
Pero hoy esa realidad ha cambiado un poco. Valencia, en su investigación, ha podido observar algunos elementos reveladores, como que actualmente algunos diablos “no siguen un patrón tradicional, es decir, que no están guiados por el mandato de una reina, ya que no pertenecen a ningún palenque”.
 
Michael Phillips reconoce que normalmente los diablos sí deben estar asignados  a un palenque, pero esta situación se torna compleja, porque muchas de esas estructuras han dejado de existir.  “Algunos palenques han muerto, porque la gente que los manejaba en los lugares de la costa han fallecido o ya están demasiado en edad”. 
 
 
En la ciudad de Colón, explica Philips, antes existía un palenque en Calle 5 y Bolívar, pero “por cuestiones de gente que ya no está, el palenque dejó de funcionar”.  Agrega que en muchos casos, por religión, algunas autoridades prohibieron los palenques. “No estaban de acuerdo con que estuvieran en ciertos lugares de Colón, porque el palenque se queda hasta tarde en la noche, la gente tomando cerveza, tocando tambores y las mujeres bailando. No daban permiso y es cultura”.

¿Una figura independiente?

El hecho de que no existan tantos palenques ha fomentado, en parte, la formación de grupos independientes de diablos, quienes realizan representaciones fuera del entorno original, principalmente en cascos urbanos como Colón.
 
Precisamente, otro de los elementos importantes que observa Valencia es que los diablos en la ciudad de Colón están organizados como ‘crews’,  y no como congos miembros de un palenque. “Los mismos utilizan nombres propios y en miras a organizase como agrupaciones solo de diablos”, reconoce el estudioso.
 
Entretanto, Gómez opina que la formación de estos grupos surgió por la relevancia que se les dio a los diablos desde hace varios años en el Festival de Congos y Diablos, con los concursos de sus máscaras y vestuarios. Cuestiona esta forma de organizarse,  ya que le parece que “está fuera del contexto de lo que es la cultura congo”, y lo califica como una competencia por un protagonismo innecesario. 
 
Más allá de que los diablos estén establecidos por su cuenta, a Gómez le preocupa las implicaciones que eso podría conllevar, si no existe una comprensión de sus raíces culturales. “Muchos diablos  se  están creando sin formación… Lo que tenemos son grupos que aún no acabamos de definir y que son de proyección. Sí son de danzas de diablo, pero no están asiduos a ninguna tradición; por lo tanto, ellos quieren hacer, literalmente, manifestaciones y expresiones que desconocen  la cultura y que a veces la ofenden”, detalla Gómez. 
 
Valencia ha notado que las nuevas generaciones de  diablos  han dejado de jugar y realizar dramas con los congos, hecho que se hace muy notorio en cada temporada.
 
 
Otra de las modificaciones que puntualiza el investigador es que el bautizo de los diablos no es respetado por algunos de los actuales diablos, quienes se disfrazan después del Miércoles de Cenizas hasta el Domingo Carnavalito.

Contradicciones y soluciones

¿Seguir estrictamente las tradiciones perjudicaría el folklore? Este cuestionamiento lo intenta resolver Phillips, quien a pesar de reconocer la importancia de los palenques y de la tradición del bautizo, asevera que algunas acciones podrían ir en detrimento de la cultura congo.
 
Por ejemplo, se refiere a que si se realiza el cese de actividades luego del Miércoles de Ceniza, como corresponde, entonces no se debería hacer el Festival de Diablos y Congos de Portobelo (que este año se celebró el 28 de abril) ni las presentaciones que se dan dentro de las diversas campañas políticas. “Es algo contradictorio, porque las fiestas y festivales han contribuido a que se conozca más la cultura y se le dé su importancia, más de la provincia de Colón”, sustenta.
 
Además, para Phillips, “sería fundamental recuperar  los palenques para manejar el fomento de la cultura, como debe ser”. 
 
Dayana Rivas es una colonense de 34 años que de niña se escapaba a ver el juego de los diablos y congos en su barrio Nuevo México, de Sabanitas. Como amante de sus tradiciones, manifiesta que además de la necesidad de reactivar los palenques "bien montados, apegados a la tradición y que siga el juego", es menester que el pueblo  tenga sentido de pertenencia. "Cuando tú vas a los barrios y preguntas si no extrañan los juegos de diablos y congos que se daban atrás, la gente dice que no sabían de eso y se desvinculan... Si más allá de promotores culturales la gente no reclama que haya congos y diablos, ¿cómo se hace?", cuestiona.
 
"Es necesario que los barrios de todo Colón se vistan de congo en enero hasta el Miércoles de Ceniza", agrega.
En cuanto a la organización de los diablos, Phillips opina que no es  una competencia ni desvío de lo tradicional. “El hecho de que el diablo ha existido es porque su propia gente es quien  los ha mantenido; sin embargo, las autoridades deben darle todos los recursos y el apoyo necesario para ejecutar cualquier actividad”, propone. 
 
Como parte de las soluciones, Gómez indica que el Proyecto de Salvaguardia del Mici está preparando capacitaciones. “Nos hemos estado reuniendo con la organización del festival  y con algunos de los diablos sobre la capacitación que deben recibir, porque esto no es un asunto de competencia. Si ellos entienden a quién representan dentro de la cultura, que es al esclavizador español y que están dentro de una historia de liberación, no pueden pensar en la creación de un diablo que avasalla”.
 
Lo cierto es que el folclor no es un hecho estático, sino que evoluciona, según la actuación de las personas. La idea no es que los diablos dejen de ser visibles, sino que los nuevos grupos que surjan estudien las prácticas ancestrales y entiendan su papel dentro de las representaciones, para que la cultura se preserve y mantenga en el tiempo.
 
“Es importante señalar que este personaje ha cambiado dentro de la dinámica del folklore y seguirá cambiando en su plasticidad y estructura. Sin embargo, considero que dichos cambios no deben perder su esencia, ya que el arte y la creatividad se nutren de los elementos tradicionales pasados de generación en generación. Es decir, que solo el pueblo puede realizar  tales cambios en los elementos folklóricos, ya que folklore es el saber y ciencia del pueblo”, reflexiona Valencia.  
 
 
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