Conoce a Ilya Espino de Marotta, la mujer poderosa del Canal de Panamá

 
Lun, 05/20/2019 - 06:00
Ilya Espino de Marotta, la nueva subadministradora de la vía interoceánica, habla sobre la mujer detrás del nuevo cargo, la clave de su éxito, el empoderamiento femenino y el reto de trascender en una industria mayormente dominada por los hombres.

Fotos: Aurelio Herrera

Ilya Espino de Marotta es un referente del empoderamiento femenino en el país. Aunque nunca lo sospechó ni lo planeó, la ingeniera ha marcado hitos dentro de la industria náutica: Lideró el proyecto de ampliación del Canal de Panamá, que tomó más de ocho años en llevarse a cabo y se inauguró el 26 de junio de 2016. Durante esa época, la ingeniera nos cautivó con su casco y chaleco rosas, como una forma de plantar bandera y demostrar el poder femenino en un campo mayormente dominado por hombres.
 
La fémina de 56 años, quien labora en la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) desde hace más de tres décadas, y cuya experiencia y capacidad la llevaron a desempeñar este año el cargo de vicepresidenta de Negocios de Tránsito del Canal, fue elegida recientemente como la nueva subadministradora de la ruta interoceánica. Con esto, Ilya Espino se convierte en la primera mujer en asumir este  alto cargo en la entidad.
 
Ilya no siempre tuvo claro que quería ser ingeniera, cambió dos veces de carrera antes de encontrar la profesión que le daría grandes logros. Estudió durante más de un año Biología Marina en Estados Unidos y realizó un semestre de Oceanografía, las cuales abandonó porque las plazas de trabajo en Panamá no eran lo que ella había soñado. Finalmente, estudió Ingeniería Náutica en la Universidad de Texas A&M. Al graduarse, consiguió su primer trabajo como técnico en ingeniería temporal en el astillero del Canal, en el Atlántico. Ahí comenzó su historia en la vía interoceánica.  
 
Siempre vemos a Ilya Espino como la mujer fuerte del Canal, pero ella se define a sí misma como una persona sencilla, madre de tres hijos, esposa, hija, hermana, a quien le encanta la playa y comprometida con su trabajo. 
 
Conversamos con ella sobre la mujer, más allá de lo laboral, la clave de su éxito, la igualdad de género, su nuevo cargo y el reto de trascender en una industria masculina.
 
Algo que no sabemos de Ilya Espino.
Me gusta cocinar, disfruto hacerlo en mi tiempo de ocio. Estuve en un club de jardinería por muchos años y me encanta hacer buceo, pero he tenido que dejarlos a un lado por falta de tiempo, aunque espero retomarlos. Hago fotografía y tomé cursos en el tiempo que se usaba rollos con revelado. Hice teatro por muchos  años, desde niña, y estuve en el grupo de teatro de Ganexa, después creé un grupo con mis compañeras del colegio y escribía algunas obras. Bailé ballet muchos años, no era que me fascinara, pero mi mamá quería que yo estuviera allí. Toqué guitarra... Creo que la parte artística viene de mi abuelo Aquilio del Busto, quien era pintor.
 
¿Qué actividades disfrutas fuera de la esfera laboral?
Amo viajar, conocer distintos lugares, distintos países, distintas culturas, distintas comidas...  ¡pruebo de todo! Cuando tengo la oportunidad, no dejo de hacer un viaje, ya sea dentro del país o afuera.
 
Tu lugar favorito. 
New York es uno de mis lugares favoritos por dos cosas: porque siempre me gustó esa ciudad y porque cuando a mi hijo le dio cáncer, allí fue donde lo curaron, así que tomó para mí un significado mayor.
En  el ámbito nacional, tengo mi casa de playa en El Palmar. Crecí allí, porque mis abuelos tenían una casa. Es el lugar donde hago mi retiro espiritual y me relajo.
 
¿Cómo es un día en tu vida?
Trato de pararme a las 5 de la mañana a hacer ejercicio, que es mi manera de dejar el estrés. Leo mi biblia. Oficina, depende... si tengo reuniones, si debo ir a alguna esclusa, al campo... Trato de salir no más tarde de las 5 del trabajo, compartir con mi esposo, caminar, cenar en casa, y si  quedaron cosas pendientes de la oficina, revisar e-mails y firmar documentos.
 
¿Qué te hace feliz y qué te pone triste? 
Por lo general soy una persona feliz. Saber de mis hijos me pone feliz (dos de ellos estudian en Estados Unidos). Me pone triste ver la basura en la calle, es una de las cosas que más me desagrada de la cultura panameña, que no tenemos esa conciencia de limpieza. 
 
¿Quién ha sido tu modelo a seguir?
Mis padres (un médico del sistema de salud público y una  terapista de voz y lenguaje). Siempre personas muy dedicadas, trabajadoras, comprometidas, responsables... Ellos han sido realmente la guía en mi vida. 
 
Ahora hablemos de la ingeniería. En una época donde estábamos aún más lejos de la paridad que hoy, decidiste estudiar una carrera dominada por hombres. ¿Qué te impulsó hacerlo?
En mi casa mi mamá siempre nos metió a mí y a mi hermano en todo. Eso de hombre y mujer nunca fue algo que yo tenía presente. Empecé a estudiar Biología Marina, porque era lo que me gustaba. Quedé en Ingeniería por algo evolutivo, y cuando llegué a la facultad vi que éramos dos mujeres en la carrera pero no era nada extraño para mí. Siempre me dieron mucho apoyo en la universidad, así que tampoco sentí ningún rechazo por ser mujer. 
Aunque en muchos de mis trabajos era la única mujer, la visibilidad de la mujer en campo de hombre me vino más con la ampliación, porque pensé que era algo muy significativo. Ahí fue cuando me cayó el real.
 
¿Cómo manejaste a tanto personal, especialmente a los hombres?
Como yo empecé en el Canal desde recién graduada y me he movido por muchas oficinas diferentes, fui creando una reputación y la gente conoce quién es uno... Cuando llegó la ampliación, el reto mayor era que los contratistas, que en su mayoría eran hombres, te respetaran; pero creo que en un par de reuniones que te tratan y ven cómo es uno, entonces se allana el camino.
 
¿Algún día visualizaste que llegarías a donde estás hoy en el Canal?
Para nada. Siempre digo que yo no me planifico, sino que si se me da una oportunidad, la tomo. No le tengo miedo a los retos, así que cada vez que hay algo por ahí que suene interesante, no lo pienso dos o tres veces, sino que voy. Cuando llegué al programa de ampliación, pensé qué seguía, y era administradora o subadministradora; esa fue la primera vez que dije que de repente me gustaría, y si no se daba, lo más probable es que me jubilaba en agosto de este año y me iba a trabajar a otro lugar.  Pero se dio la oportunidad de trabajar de subadministradora y estoy feliz, y me quedo más tiempo en el Canal. 
 
¿Qué harás ahora como subadministradora? ¿En qué consiste el cargo?
Pienso que como el fuerte del doctor Ricaurte Vásquez es las finanzas, a lo mejor a mí me va a dejar la parte de ingeniería, estrategias, recursos humanos. No sé. Todo depende del énfasis que el administrador quiera darme para apoyarlo.
 
¿Qué quieres mejorar y qué crees que puedes aportar desde tu nuevo puesto?
Quiero mejorar las relaciones laborales. No es que estén deterioradas, pero creo que hay espacio para que estén mejor. Tratar de ayudar a la institución para que todo mundo entienda el negocio, que todos rememos hacia un mismo fin, como en la ampliación que estábamos todos tan identificados con que teníamos una meta en conjunto. A veces las personas cuando están haciendo su trabajo rutinario todos los días pierden un poquito ese norte de qué es lo que estamos haciendo y por qué.  
 
Subir tan alto, ¿tiene algunos riesgos y compromisos?
Ufff. ¡Muchísimos! Cuando uno llega a un lugar tan alto es porque te han dado mucho reconocimiento en lo que has venido haciendo, y lo más importante es no perder la perspectiva. Te pone un nivel de responsabilidad enorme porque eres guía y líder de más personas; mientras más alto subes, son más personas las que te están viendo y te pone una responsabilidad mayor en qué reflejas tú, entonces tienes que estar más pendiente de tus acciones.
 
Te has convertido en una persona reconocida desde la ampliación del Canal. ¿Cómo manejas esto? ¿Sientes que es un estigma?
A veces pienso que quisiera ser invisible (sonríe). Pienso que la balanza es más positiva que negativa. Soy una persona bastante privada, aunque a través de mi carrera he aprendido a ser menos parca y estar más involucrada. Ya me he acostumbrado un poco a las entrevistas, que al principio no me atraían. He empezado a disfrutar las responsabilidades que vienen con los cargos diferentes que uno tiene. 
Creo que el casco rosado se volvió mucho más famoso de lo que yo pensaba que iba a ser. Era más que nada algo muy personal para mí, mi manera de decir 'soy una mujer y está bien', porque no sentí que era una mujer en un mundo de hombres hasta que llegué a la ampliación, donde había más personas que dudaban si una mujer podía hacer este trabajo. Ahí dije que mi casco rosado era mi 'statement', mi enunciado. No me molesta ser recordada como  la mujer del casco rosado del Canal.
 
¿Cuál ha sido la clave de tu éxito profesional?
Comprometida con mi trabajo siempre, nada de 'juega vivo' ni atajos. Dedicación, entendimiento y empatía con las personas, así como aprender de todo el mundo.
 
¿Alguna vez has sentido que ser mujer te ha dificultado más el camino?
No, hasta cuando uno llega a puestos de alta jerarquía y es la única mujer. Cuando estás en un campo  muy profesional, te miden por resultados y números; ya cuando vas a liderar más, como es algo menos palpable, a lo mejor a uno le cuesta un poquito más trabajo hacer valer su punto de vista, hay que ser más persuasivo, persistente. 
 
¿Has tenido que cambiar algo en ti para liderar, por ejemplo, ser más ruda?
No. Le digo a la gente, 'sé genuino, sé quien tú eres', y debes ser la misma persona en todas las facetas de tu vida. Pienso que la comunicación franca es lo que me ha ayudado, eso sí, hay que ser una persona  asertiva, que tenga confianza en sí misma, y no mostrarse temerosa.
 
¿Qué se siente que constantemente te recuerden que estás en un mundo de hombres?
Para mí eso no era tan obvio, hasta cierta época; pero cuando se me abrió el mundo de la no igualdad, dije que la verdad es que hay un área amplia donde las mujeres no son consideradas. Me encanta ser un referente, aunque para mí no hubiera sido superdifícil ascender (siempre tuve apoyo de los hombres y quien me abrió las puertas siempre fue un hombre). 
Para mí es muy claro que los hombres y las mujeres pensamos diferente. No es que la mujer es mejor que el hombre o viceversa, sino que nos complementamos. Y creo que ayudaría mucho más a la toma de decisiones que haya igualdad de hombre y mujer, porque se ven las cosas desde dos ángulos y se puede llegar a una mejor solución. 
 
¿Qué hace falta para que más mujeres se empoderen?
Ejemplos. Por eso  es que no me molesta ser un referente, porque cuando uno ve una figura que lo ha logrado, te inspira a que lo puedas hacer.  Incluso me he vuelto mentora de muchas personas. También es importante la ley que se pasó del 30% de mujeres en juntas directivas. Antes no creía en cuotas, porque nunca las necesité para llegar donde estoy; pero viendo el mundo más allá de Ilya, siento que sí es importante, ya que al menos se te abre una oportunidad. 
Siempre digo que el hecho de que haya una cuota no quiere decir que te van a promover por ser mujer, sino que debes tener las capacidades, las aptitudes y habilidades. Es importante que la mujer se eduque, pero hay que tener también las habilidades blandas. No es nada más el conocimiento técnico y profesional, sino el saber manejarte, no herirte por cualquier cosa, no tomarte las cosas como algo personal, saber presentar tu punto de vista de una manera asertiva, no dejarse intimidar. Esas habilidades son importante que las mujeres las tengan para poder ser tomadas en cuenta más arriba.
 
¿Cómo haces para equilibrar tu vida profesional con la familiar?
Siempre he tenido apoyo en la familia, en mi esposo (que este año cumplimos 30 años de casados y siempre ha estado ahí), tengo una señora que ha trabajado conmigo por 20 años. Uno nunca logra las metas altas solo. Tanto en la oficina como en la casa, el trabajo se hace en equipo. Uno no es ‘super woman’. Hay que buscar el balance. 
Priorizar es muy importante. Yo cenaba en familia todas las noches hasta que mis hijos se fueron a estudiar a Estados Unidos, y eso te da una conexión con la familia. Para mí la cena era sagrada, porque era la única comida que teníamos todos juntos. Así que prioridades y establecer las cosas que mantienen esa unión familiar. Además, no todo es trabajo.
 
¿Te consideras feminista?
Sí. Feminista en el sentido de que creo que las mujeres tenemos las mismas capacidades que los hombres.
 
¿Qué crees que hay que cambiar en la educación para que más niñas quieran ser ingenieras?
Presentar que la ingeniería es divertida, es crear, construir, apoyar al desarrollo del  mundo. Si uno se pone a ver, el edificio donde estamos, el aire acondicionado que tenemos, las  lámparas, las mesas... todo esto es ingeniería. La ingeniería siempre se ha presentado como algo difícil, pero si tú ves el resultado final de lo que puedes obtener, pienso que la gente se entusiasmaría más.
 
Tu mensaje para las mujeres.
Tener confianza en sí mismas, no tenerle miedo a los retos y escoger bien la pareja, que sea alguien que te apoye para poder echar hacia adelante en tu futuro. 
 
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