¿Sabías que el entorno puede ocasionarte sobrepeso?

 
Dom, 04/21/2019 - 10:00
Estamos programados para comer de la manera en que lo hacemos. Y es un trabajo de dedicación cambiar ciertos hábitos para evitar subir unas libras extras.
Estamos programados para comer de la forma en que lo hacemos y cada día tomamos alrededor de 200 decisiones relacionadas con nuestra alimentación. Creemos que lo tenemos todo controlado, sin saber que de forma inconsciente nuestro entorno influencia en gran medida las elecciones que hacemos.
 
La realidad es que somos el resultado de múltiples factores que tienen varios frentes: Cultural, social, económico, físico y personal.
 
Digamos que la influencia de los factores externos juega un papel muy importante. La cultura con la que crecimos a nivel de sociedad o familia ha creado una idea muy estructurada de la forma “correcta” de comer, de cuáles sabores deben predominar en nuestras comidas, de qué tipo de comida es la sabrosa y cuál no. Y una serie de prejuicios adicionales, que construyen una idea muy rígida de lo “bueno o malo” a la hora de comer. 
 
También influye el “marketing” de la industria alimenticia, que nos bombardea con ofertas muy atractivas y comidas procesadas suculentas. El mercadeo juega con las emociones de los comensales y desarrolla nexos sentimentales con la comida, hasta el punto que muchas veces no recuerdas el sabor de un alimento, sino lo “bien” que te hace sentir.
 
Todo esto converge en una cosa: Estamos programados para comer de la manera en que lo hacemos. Y es un trabajo de dedicación y empeño cambiar ciertos hábitos y sustituirlos por otros.
Para muchos, todo lo anterior no representa un problema; pero quienes viven en una continua búsqueda por encontrar la “dieta perfecta” y lograr sus objetivos fitness, se enfrentan a una lucha interna entre querer comer de forma saludable y la programación que tienen para alimentarse.
 
Te voy a dar ciertas herramientas que te pueden servir para comenzar a “desprogramar” tu cerebro y programarlo de nuevo.

¿Cómo lograrlo?

Réstale importancia a los pensamientos que vengan a tu mente sobre alimentos no saludables. ¿Cómo lograrlo? Una vez que tengas un antojo, piensa en todo lo negativo alrededor de este, y no al contrario. Por ejemplo, si a las 11 de la mañana te viene a la cabeza la idea de almorzar pizza, es normal que recuerdes su sabor, las emociones que desencadena en ti cuando la comes y hasta las gratas experiencias que has vivido con buena compañía comiendo pizza. ¡Oh, sí! Pero es tu responsabilidad sacar este pensamiento de tu cabeza y no sucumbir ante la suculenta idea. ¿Cómo? Vamos hacia atrás:
 
  • Cocina en cantidades para que ya tengas tus platos preparados con anterioridad, de esta forma minimizas la improvisación.
  • Si ya tienes tu comida preparada en el refrigerador o previamente pensada, recuerda el esfuerzo que hiciste para cocinarla, comprarla o planificarla con anterioridad.
  • Si no eres de las que cocina, piensa en lo que vas a comer cuando no tengas hambre. Si por ejemplo trabajas y compras el almuerzo en la calle, piensa desde la mañana en dónde comprarás tu comida y realiza una elección saludable. Si esta decisión ya está tomada, no permitas que ningún pensamiento te desvíe de ahí.
  • Lo más importante y la herramienta principal de la que te hablaba inicialmente, es pensar en todo lo negativo que tiene tu antojo. Volviendo al ejemplo de la pizza, lo negativo sería: Vas a gastar más, la última vez que comiste pizza te cayó supermal y te costó digerirla, es una comida compuesta principalmente por carbohidratos y muy baja en proteínas (en este punto ya sabes la importancia de incluir proteína en todas tus comidas). Has cumplido muy bien tu plan de alimentación y no lo vas a dañar por un simple antojo. Ya es jueves, el fin de semana está muy cerca y será tu momento de comer lo que quieras. Después vas a sentirte mal, cuando te des cuenta de que te fallaste a ti misma y no tuviste fuerza de voluntad. Esta comida va a sabotear tu objetivo de perder peso.
Con todo lo anterior, piensa que a pesar de que el entorno en muchos casos te incita a comer mal, queda de tu parte la responsabilidad de alimentarte de forma saludable. Ten paciencia y trabaja en la fuerza de voluntad, es algo que se consigue con la práctica y que logras mantener gracias a la recompensa de sentirte mejor y ver cambios en tu cuerpo.  

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