Una charla con Zulay Rodríguez

 
Mié, 09/12/2018 - 10:34
La mujer detrás de la política nos contó sus luchas y cómo la educación fue el motor que la impulsó a llegar a donde está

Foto: Aurelio Suira

Hay cosas difíciles en la vida y sentarse 10 minutos, sin interrupciones, a conversar con Zulay Rodríguez es una de ellas. Entre llamadas seguidas, mensajes de Whatsapp, instrucciones a su asistente y visitas de otros candidatos políticos, surgió nuestra conversación. Zulay, literalmente, no para ni un minuto, ni siquiera para dejarse maquillar tranquilamente y salir en la portada de una revista.

- “¿Te das cuenta de cómo es la política? ¡Uno no para! Las personas me llaman a diario para mostrarme su apoyo, porque quieren realmente que alguien les ayude a cambiar este país. Ellos dicen que  soy la voz de los que no la tienen”, señaló como buscando una excusa para que luego de transcurrida más de una hora desde el momento de la cita, no se hubiese comenzado la entrevista.

- Y si llegas a ser presidenta de Panamá, ¡tendrás que sacar tiempo para más de 3 millones de personas!, comenté dudosa.

- Voy a tener que hacer como Salomón: haré una fila y atenderé a cada uno. Contestó con una sonrisa, sin pretensiones.

En ese momento hubo una metamorfosis: salió de la crisálida Zulay, la mujer detrás de la precandidata presidencial, la que se esconde en el personaje que muchos tildan de “peleona”; la que no se muestra en el pleno de la Asamblea de Diputados cuando se enfrenta duramente a sus colegas defendiendo sus ideales.

Surgió entonces Zulay, la mujer cristiana, la esposa y madre de dos hijas y de un niño (de 14 años) con autismo, quien ha sido víctima de bullying. Situación que, admite, la ha fortalecido e inspirado para querer llevar la dignificación de personas con discapacidad y de la tercera edad, como una de las banderas de su campaña presidencial.

“Mi hijo es un angelito. Él estaba en una esuela privada donde debían hacer adecuaciones; pero me lo agarraron en el baño 4 niños y  lo golpearon, solo por ser diferente. Como madre, me sentí impotente, frustrada. Creo que el tema de los niños con autismo debe ser un tema de estado”, subraya.

Su intención, expresa, es crear un instituto para los niños que sufren autismo y los síndromes de Asperger y de Down; aulas en las escuelas para que estos niños tengan un oficio, una habilidad y un trabajo; así como centros vocacionales,  que les amplíen el mercado laboral y sean independientes.

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Educación y esfuerzo, claves para surgir

Zulay Rodríguez cree que la educación es el pilar fundamental de la sociedad, la clave para salir de la pobreza y la ignorancia. En su caso, asegura que haber estudiado tanto le hizo llegar a donde está: ha desempeñado cargos como oficial mayor del Segundo Tribunal Supremo de Justicia, asistente de magistrado y jueza en diferentes juzgados.  Además, es profesora de Derecho en diversas universidades de la ciudad capital y ha escrito siete libros sobre Derecho. Como política, es diputada del Circuito 8-6 San Miguelito, por el periodo 2014-2019, presidenta del Frente Femenino de su partido, el PRD, y precandidata presidencial.

“Nací en un hogar donde venimos de abajo; mi hermana Rocío y yo somos producto de la educación, del trabajo duro. No me gusta vanagloriarme porque eso solo se debe hacer ante Dios todopoderoso, pero tengo tres maestrías, estudios de doctorado, dos licenciaturas y todo lo logré  a base de esta cabecita”, expresa. 

Cuenta Rodríguez que aprendió el valor del estudio con el ejemplo de sus padres, quienes, a pesar de sus orígenes humildes, lograron surgir por medio del esfuerzo. Su madre, la maestra Gladys Lu, hija de un comerciante chino de frutas y verduras, siempre estudió becada por sus buenas calificaciones. Su padre, Rafael Rodríguez Aizpurúa, estudió becado en Brasil y fue procurador general de la nación.

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La diputada también ha tenido que afrontar situaciones difíciles. Su padre fue exiliado dos veces: cuando tenía 17 años y en los años 80, al desempeñar el cargo de Procurador. Zulay, quien estaba en la escuela secundaria durante el segundo exilio de su padre, tuvo que buscar la forma de salir adelante junto a su hermana y su madre. “Como no se podía pagar la escuela privada, me tocó subir mi promedio de 4.2 a 4.6 para poder continuar, porque no había dinero. Mi mamá tenía dos trabajos, yo estudiaba con mi hermanita y tenía que hacer actividades extracurriculares en la escuela”. Fue así como en aquel entonces a Zulay le tocó recoger las toallas y darle agua a la gente de la banda de su escuela, el IPA. “Tenía que hacer la contabilidad cada vez que había un 'sarao', poner el tag y recoger el dinero. Seguí esforzándome y me gané una beca para hacer una maestría en Londres”, subraya.

Rodríguez insiste en que la educación es la única vía para que las personas cuestionen la mala política y se logre un mejor Panamá, con un futuro para todos. “Cuando camino por el país, siempre les digo a los niños que estudien, porque es la única herramienta que los hace independientes económicamente y que les hace tener conciencia de no vender a su país y luchar por él”, reconoce.

Zulay, la idealista

Desde chica, Zulay ya sabía que tenía vocación para ayudar a los demás. “Siempre fui defensora de las personas; en la escuela, era de las que apoyaba a los niños más débiles, defendiéndolos de quienes les hacían bullying... Era como una 'Bety la fea' estudiosa, que protegía a los demás”, destaca.

Entre anécdotas y afanes, Zulay busca en su celular una fotografía del pie del anuario de su escuela que da constancia de la visión que tenía de joven: “Un explosivo 19 de junio, como producto de un estallido enérgico, nos llega nuestra defensora de los derechos humanos, quien con su chispa y vivacidad intenta cambiar al mundo con solo hablar... Nuestra compañera desea estudiar Derecho para abogar por una verdadera justicia en nuestro país y así lograr la paz y seguir deslumbrando a muchos”, reza la frase debajo de la imagen de una Zulay adolescente.

Acerca de la política, la precandidata presidencial asegura que  decidió incursionar hace 8 años al PRD, porque se identificó con el ideario del partido socialdemócrata. No obstante, asevera que desde siempre se involucró en estos menesteres: fue compañera de luchas de su madre, quien era dirigente magisterial de bases medias. “Ella siempre me llevaba a la escuela Venezuela, luchaba con los profesores por mejoras salariales, educativas y de las  infraestructuras. Yo tenía 7 años y me ponían a decir ‘políticos corruptos, políticos a la cárcel’”, rememora. 

Rodríguez se considera a sí misma como una “idealista”, una “revolucionaria”, que desea componer el mundo, “una mujer de lucha, que quiere defender lo correcto, aunque sé que no soy Dios ni tengo la razón en todo”.

Precisamente, expresa que su afán por lograr un mejor Panamá es lo que ha impulsado sus aspiraciones por ocupar la silla presidencial. “Quiero un país donde haya igualdad  de oportunidades para todos. El estandarte de mi política hasta ahora es defender a los más débiles,  los que no tienen voz, los marginados, la clase media, los sectores populares, a la pequeña y mediana empresa”, menciona. 

En cuanto a críticas que ha recibido de que quiere llevar a Panamá por el camino del socialismo, responde que es falso. “No estoy para quitarle al rico y dárselo a los pobres, ¡no! Estoy para que el que sea rico, le vaya bien y mejore su empresa, y el que es pobre, se convierta en clase media y aspire a escalar más. Creo en la meritocracia, el estudio, el esfuerzo y la dedicación; en que la gente no se quede ganando un salario miserable por 20 años, porque tiene que haber escala salarial con base en el estudio y la superación personal”.

Acepta que le molestan los abusos, las injusticias, la corrupción, la mala distribución de la riqueza y que los gobiernos no hagan las cosas bien para evitarlo. Estas situaciones, dice, son las que le hacen enfrentarse a la gente. “No me puedo quedar callada. Me da coraje y me oprime el corazón cuando veo que hay niños que no tienen que comer, que van a la escuela con el estómago vacío; adultos mayores y niños con discapacidad encerrados en sus casas como si fueran animalitos, porque la familia no tiene para el pasaje; personas que están  perdiendo sus casas o no tienen cómo pagar la escuela, porque no tienen trabajo. Me da coraje que en un país de tantos millones haya desigualdades y hambre, no es correcto”.

Sin embargo, Zulay afirma que es una persona humana, tolerante, conciliadora, trabajadora, valiente y auténtica, que puede lograr un gobierno transparente. “No soy una persona que te hace ver una cosa y hace otra. Realmente voy a trabajar por Panamá y por la membresía de mi partido. Este va a ser un gobierno en el que la empresa  privada pueda invertir y el recurso humano del panameño se pueda fortalecer... Como decía el general Omar Torrijos Herrera: 'ni para la derecha ni para la  izquierda', sino que nosotros estamos con Panamá, hay que buscar ese equilibrio económico que tanto necesita el país”, asevera.

Confiesa que de llegar a ser presidenta, le gustaría irse del Palacio de las Garzas, en 2024, como lo hizo Michelle Bachelet al salir de la presidencia de Chile. “Yo la admiro muchísimo. Aspiro ser como ella, que salió aplaudida y la abrazaron porque hizo las cosas correctamente, no robó ni un real, creó empleo, dio educación, ayudó a la empresa privada y quitó los privilegios a los monopolios. Ella tuvo un gobierno como el que nosotros queremos hacer: participativo, inclusivo, humano, que sea de todos los panameños y que les devuelva la dignidad”, reflexiona.

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