Amamantar es más que alimentar. Una mirada desde la psicología

 
Mié, 08/28/2019 - 10:41
Se debe evitar un sentimiento enjuiciador a las madres que no han podido dar pecho a pesar de los intentos o porque tomaron la decisión de no hacerlo. No amamantar no significa que la madre carece de ese amor hacia su bebé o que no vinculará con él.
Del 1 al 7 de agosto  se celebró la Semana Mundial de la Lactancia Materna. La OMS recalca que todas las mujeres tienen la posibilidad de amamantar, siempre y cuando dispongan de una ayuda adecuada, apoyo del sistema de salud y mucha información.
 
Para mí la lactancia es quizás más difícil que el parto, ya que requiere de mucha disposición física y emocional en días posteriores al nacimiento del bebé, donde ya ha habido mucho desgaste y desbalance. Sin embargo, también creo que es una de las bondades más maravillosas de nuestro cuerpo, pues aporta muchos beneficios a nivel físico y emocional, tanto para la madre como para su bebé. Dar pecho no es alimentar por alimentar. 
 
La Semana es una campaña de concientización a nivel mundial, con la que se ha buscado seguir resaltando la importancia de la lactancia materna, mostrando sus bondades, pues el acto de amamantar promueve una de las primeras relaciones amorosas que se establecen entre dos personas. En este sentido, se debe evitar un sentimiento enjuiciador y descalificador a aquellas madres que no han podido dar pecho a pesar de los intentos o porque tomaron la decisión de no hacerlo. No amamantar no significa que la madre carece de ese amor hacia su bebé o que no vinculará con él. 
 
Llevamos décadas derrumbando mitos que han surgido a través de los tiempos y que por desinformación han permeado y afectado a muchas madres quienes no recibieron la ayuda adecuada en los centros de salud o por profesionales encargados de guiarlas para establecer una lactancia sana y gratificante. Lo cierto es que todas las madres tienen la capacidad de poder dar pecho, y la cantidad de leche que se produce tiene que ver con la cantidad que el bebé necesita. El tamaño del pecho tampoco es lo definitivo en la lactancia, en cambio sí lo es la cantidad de estimulación que recibe la madre en sus primeras horas post-parto. Incluso, quienes  tuvieron una cesárea pueden establecer una lactancia, si son orientadas adecuadamente.
 
Fisiológicamente, la lactancia previene un montón de enfermedades en el bebé. Del mismo modo, disminuye las probabilidades de la madre de padecer ciertos tipos de cáncer y la ayuda a retornar al peso previo a su embarazo; además, favorece una ovulación tardía, pudiendo retrasar otro embarazo.
 
A nivel psicológico, la experiencia piel con piel favorece la lactancia materna y puede reducir el riesgo de padecer de depresión post parto. Los estímulos como el calor y el tacto liberan oxitocina, lo cual promueve bienestar, reduce la ansiedad y favorece un apego más favorable. A través de las miradas y el tacto, el bebé va descubriendo patrones de apego. Mirarse mutuamente ayuda a reconocer emociones en el otro, dando lugar a la empatía. 
 
Muchas veces, notamos que los bebés utilizan la succión sin alimentarse, esto puede deberse a que se sienten solos, tienen miedo, estrés, frío, sueño, algo les duele y necesitan calor humano. En la lactancia encuentran una forma de calmarse, que a la vez estimula la producción de leche y favorece el vínculo materno. Es importante recordar que está condición se observa, no solo en los seres humanos, sino en otros mamíferos.
 
Ser padres primerizos es retador. Las presiones de querer hacerlo bien y demostrar a su bebé que lo ama, puede sentirse en ocasiones un limbo lleno de emociones y dudas. La lactancia materna siempre es un excelente punto de inicio por sus bondades fisiológicas y psicológicas. Eso sí, siempre y cuando la madre se encuentre en la disposición, se realice en un ambiente seguro, y sea una experiencia agradable  para la madre y su bebé.  

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